jueves, 24 de julio de 2008

Foto en blanco y negro

La niña que será mi madre
coge un rifle
y me apunta con cierta sonrisa
Si esa niña fuera mi amiga
le pediría su arma de fuego
y ambas dispararíamos al aire
para alejar a los curiosos

Del cielo caería un ganso dorado

Conociendo a mi madre
lo llevaríamos en una camilla de guerra
corriendo sobre la hierba de los panteones
poblados de involuntarias flores
y trataríamos de convencerlo de que está vivo

Esto no se verá en la foto
pero hay un momento en que yo
le arranco un ala
la empuño corriendo en dirección del viento
y le muestro a mi madre
por primera vez
(algo que piensa que ella me enseñó a mí)
la equívoca intersección del vuelo y de la pérdida


Orígenes


Mi abuelo carpintero me hizo una silla como las del colegio para hacer mis tareas en casa.

miércoles, 23 de julio de 2008

Juan Manuel y Leo

El jurado del premio FNPI por fin ha dado su veredicto y el ganador es Cristóbal Peña, periodista chileno que presentó al concurso un reportaje sobre Pinochet, pero no uno más, sino uno contado desde un ángulo inédito: la biblioteca del dictador, los libros que leía. De Peña había leído una crónica que reconstruía los últimos días de Víctor Jara. Muchas veces había imaginado la muerte de Jara porque mis papás tenían sus discos y siempre me contaban la historia del estadio, pero cuando leí esa crónica en el libro que publicó la fundación fue mejor que ver una película. Ahí hay poco que sobre, sólo datos oportunos al servicio de una historia potente que contar. Entrevista a los que compartieron encierro con Jara en el estadio y sigue a la única hija del cantante en su retiro espiritual. Peña hace demasiado bien su trabajo de reportero y eso se nota en la historia ganadora.

Entre los cinco privilegiados finalistas (el viaje a Monterrey para la premiación incluye foto con Gabo) está uno que bien podría haber ganado, el peruano Juan Manuel Robles, autor de "Lima freak" (Planeta, 2008), un libro de "perfiles" (retratos, crónicas pero de personajes) en una Lima cataclísmica. Prófugo de la crónica (hay indicios: en el encuentro colombiano siempre que podía se iba a los bares con los novelistas y nos dejaba a los cronistas bailando salsa, además su nick habitual es Pálido Fuego....) pero cronista hasta que demuestre lo contrario, es un narrador competentísimo, un lírico y un esteta. Su crónica sobre el cajero de Montesinos se publicó en la revista Gatopardo. Además es blogger folk y ostenta el curioso honor de haber ganado el primer y segundo puesto en el mismo concurso de "cuento gastonómico" por dos estupendas piezas de ficción que revelan que quizá no esté tan equivocado al preferir a veces la papa a la huancaína.

Otro de los cinco finalistas es Leonardo Faccio. Llegamos por la misma época a Barcelona con el iluso objetivo de vivir de las letras. A los pocos días de conocernos nos fuimos a Valencia cubrir una convención de tunning para Etiqueta Negra, una idea que se le ocurrió a él y a mí me pareció una estupidez pero al final resultó que era buena idea. Es una de las crónicas de mi libro. Esa vez fue como fotógrafo pero Leo hace más cosas. A él se le ocurren los temas, viaja, se involucra a fondo, toma fotos, escribe, publica y encima casi gana. Hace poco hizo un doctorado en antropología visual. Trabaja mucho porque vive de esto, ha hecho reportajes para El Mundo, La Vanguardia, El periódico, etc. Así que por cojones tenía que estar entre las cinco historias finalistas su gran crónica en primera persona, escrita para Etiqueta Negra, sobre las cobayas humanas, los sujetos que alquilan su cuerpo para experimentos científicos. Otro gonzo pero sin sexo.

Los textos en la web de la Fundación.


Melusina a La Vanguardia

Hoy el director del, quizá, mejor suplemento cultural de España, el Cultura/s del diario La Vanguardia, dedica parte de su columna a la editorial Melusina. Aparecen mención y foto del editor barcelonés José Pons. Él y su equipo se merecen sin duda los reconocimientos que vienen cosechando. Bravo por ellos. Y muchas gracias por la mención.

lunes, 21 de julio de 2008

Mucha más ficción de lo que ella cree


Eso dice el escritor Félix Romeo de mi libro en su sección del suplemento ABCD del diario ABC. Copio aquí el fragmento completo:

"En mi bolsa está Sexografías (Melusina), de Gabriela Wener. Conocí a Gabriela Wiener en Bogotá, donde participaba en el congreso de "nuevos cronistas de indias". Me divierten los textos, que tienen mucha más ficción de lo que ella cree que tienen, pero me sorprende que siempre le sucedan cosas "interesantes" cuando realiza sus reportajes, que han aparecido en Letras Libres, en Etiqueta Negra o en Primera Línea. Me sorprende que Nacho Vidal eyacule instantáneamente al ver su vello púbico. Me sorprende que esté a punto de quedarse encerrada en la mayor cárcel del Perú..."

En realidad no estoy muy segura de si lo que quiere decir es que me lo invento y no me doy cuenta y eso está muy bien; o si acaso soy sospechosa de haber estafado con alevosía a todos con esto de la no ficción y eso está muy mal. O si es todo lo contrario. Hago un exámen de conciencia y no sé por qué tendrían que sucederme menos cosas para ser creíble. A ver, lo de los tempos fue así (a punto, instantáneamente). No sé por qué le parece tan sorprendente. Hasta a una estrella del porno le puede pasar. Ok, sí, todo es ficción, hasta las autobiografías lo son, editar es inventar, porque al seleccionar, bla, bla, bla. No me resulta odioso que un escritor (ni siquiera un crítico) se atribuya más conocimiento de mi libro que yo misma y desentrañe su verdad o falsedad, pero sí que son odiosas las comillas que Félix pone en "interesantes". Porque eso quiere decir que mi libro le pareció sólo divertido. Como si fuera fácil ser divertido.



Charla con los lectores de elpais.com


Están todos invitados a tener sexo virtual conmigo. Será el día 29 de julio en la web de elpais.com de 5 a 6 de la tarde, hora española. Desde ya se reciben dudas y confusiones varias en la sección "Los internautas preguntan".




Sexo frozen (que no gélido)


Tercera entrega de mi Columna Sexografías en El país. Esta vez va de helados.



Sexo Frozen (que no gélido)

GABRIELA WIENER 21/07/2008


En Nueve semanas y media, o en mucho menos tiempo, puedes vaciar la nevera de todo alimento frío y fresco que tenga alguna forma sugerente -de preferencia frutas y verduras- y congelarte de tanto amar. Datos importantes: 1. No se recomienda el uso de cítricos ni de productos alcohólicos que puedan producir escozor. 2. Ten a mano siempre una tarrina de helado en la nevera, de preferencia uno de fruta de la pasión: será como encontrar hielo en Marte.

Porque el hielo, ese símbolo de la frialdad afectiva, es también el cacharro erótico más popular del verano. Todo el mundo sabe que el hielo no es sólo eso que se rompe para ligar o se diluye en el whisky. La condición efímera del hielo se pone de manifiesto, sobre todo, cuando entra en contacto con las zonas más tórridas de la epidermis humana alcanzando su forma más perfecta: la gota. El amante a secas -su corazón azul- puede ser el propio hielo que espera arder o extinguirse en otro cuerpo. El amante se derrite en presencia del amado. Pero si el hielo es la metáfora del amor no correspondido -"Y al encendido fuego en que me quemo / más helada que nieve, Galatea", sollozaba Garcilaso-, el helado lo es del amor fast food. Hay que amar rápidamente antes de que el ardor se diluya y se escape como una filtración de agua. El helado es infantil y lúdico y, según los expertos, sabe mejor untado en la piel. Hace poco supe de la existencia de fiestas comunitarias alrededor del consumo exclusivo y goloso de helados: un pueblo entero se reúne para comer helados. Algo así como el sexo grupal o una orgía de fresa y chocolate.

Pero volvamos al hielo. O a aquella escena de esa obra maestra del trash llamada Showgirls: si recuerdan, a Elizabeth Berkley el chulo le pone unos cubitos de hielo en los pezones para que pervivan a través de su leotardo. Estimulación, admitámoslo, tan recomendable como el sexo oral on the rocks -el cubo que viaja de boca en boca- o la castración simbólica: George Clooney recibiendo en su vaso de Martini los huevos de un toro de hielo que una torera ha cercenado para él en clara alusión a su naturaleza de varón domado. Finalmente, ese ejercicio semántico de Eva Longoria lamiendo un helado de chocolate, fellatio = gelato.

La sexualidad frozen, parafraseando a Ovidio en clave glacial, consiste en helarte de amar*.

*Helarte de amar es también el título de un conjunto de relatos publicado por Fernando Iwasaki en 2006.


viernes, 18 de julio de 2008

Peluches en la playa


Segunda entrega de mi columna interdiaria en El País. El tema son los furries, una comunidad de gente que alucina con los personajes antropomórficos. Es una buena salida para los que profesan un amor inconfesable por los animales. Estos tíos se disfrazan de osos o perros y se juntan para hablar, follar, etc. Ahora que está tan de moda Kung Fu panda, vale la pena echar una mirada a este mundo. Estoy francamente obsesionada con sus viñetas pornográficas. Creo que mis favoritos son los lobos gays.

Peluches en la playa
Gabriela Wiener
18/07/2008
Algunas parafilias son más difíciles de comprender en verano. Los furries son una de las subculturas más extrañas entre los fandom que pululan en Internet. Estas personas amantes del antropomorfismo que se disfrazan de animales tiernos como conejos, osos panda o perros de peluche, suelen crearse avatares con su fursona, la representación humanoide de su yo más profundo, su animal interior: un insecto gótico, un lobezno gay, una tigresa hiphopera, y participar en foros en los que compiten por ser el animalito más dócil o el más salvaje. Los furries asisten a convenciones, participan en juegos de roles y dibujan obras de arte tales como el momento en que dos lobos en vaqueros hacen el sesentaynueve. Hay arte furry, literatura furry y filosofía furry y, desde luego, sexo peludo. La modalidad recibe el nombre de Yiffy. El yiffy lover, retratado (parodiado, a decir de los furries) en un célebre capítulo de CSI, no sólo practica el cibersexo, también tiene sexo real con otras peludas, plumíferas o escamosas criaturas.

La furrymanía llegó a mí, tras de la heroica jornada intensiva de ayer, mientras tomaba el sol en una playa urbana. La repentina aparición de un peluche humano, un furrie involuntario vestido de Winni de Pooh y muy bien caracterizado con la camiseta roja por encima del ombligo y el hocico embarrado de miel, me sacó del marasmo del exhibicionismo playero. El osito y su acompañante invitaban a los bañistas -sobre todo a las familias con niños- a hacerse una foto instantánea con Pooh por diez euros. De pronto, uno de los tíos de una pandilla vecina a mi toalla abrazó al oso animado por detrás y comenzó a embestirlo con movimientos pélvicos. Pooh logró zafarse y, al querer atrapar a su agresor, ambos cayeron sobre la arena, donde estuvieron revolcándose durante un buen rato en una lucha que tanto parecía un combate cuerpo a cuerpo como un apareamiento híbrido. El sujeto vestido de mullido oso daba de manotazos bajo el sol abrasador. Algunos curiosos ya estaban contemplando hechizados la escena cuando el oso pasó al rol activo y montó al chaval en la pose de la amazona. Los intentos por separarlos dieron sus frutos. Me quedé desolada.

Quién no ha fantaseado en la infancia con algún perrito de peluche sublime al tacto o a quién no le sonó a vendetta histórica la orgía antropomórfica de los ex-empleados de Eurodisney, filmados en pleno cachondeo insinuantemente sexual -disfrazados de Mickey, Goofy, Minnie y hasta de las ardillas Chip y Chop-. Lo que para muchos es tan sólo ciego instinto (chaval de la playa) para otros es una forma de vida. Pero, ¿qué hacen los furries en verano además de vender fotos instantáneas? ¿A dónde van con tanto pelaje? Si alguien dudaba de la impractibilidad de esta mal llamada perversión a altas temperaturas, hay que decir que los disfraces incluyen, además de orificios en lugares muy oportunos, un sistema a pilas de refrigeración por ventiladores. No hay excusa para no probar el bestialismo de cartoon en plena ola de calor.


jueves, 17 de julio de 2008

En otra foto salgo nadando en un mar de flores


Como Jorge Eduardo Eielson. Pero esa la publico otro día. Por ahora me tienen así. Las fotos son del gran fotógrafo Juan Lafita. Llevamos haciendo ya muchas cosas juntos para la revista Primera Línea: okupas, drogadictos, mistress, salidos varios. Ayer fuimos al parque del Laberinto de Horta para una sesión especial. Ha tenido la generosidad de cederme las fotos para la promoción de mi libro. Se pasó un buen rato haciendo cosas raras con mi pelo.
Me picaron los mosquitos.
En esta foto no se ven mis tacones zancos
azules.




Los nuevos nuevos




Dejo aquí el reportaje que hice hace un par de años para el suplemento de Libros de El periódico de Cataluña sobre los nuevos nuevos periodistas. Todavía no estábamos de moda, como ahora.