lunes, 19 de enero de 2009

Alonso Cueto (el más guapo)



DESPUÉS DE LOS LÍMITES

Por Alonso Cueto
Fuente: Perú21
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El sexo, el erotismo o la pornografía (no sé si son diferenciables en la práctica) siempre han acompañado a la literatura. Desde los poemas del Arcipestre de Hita hasta las fábulas modernas de Julio Cortázar, la exploración en el cuerpo real o imaginario, han sido una obsesión que ha buscado su expresión escrita.

Algunos autores como D.H. Lawrence lo convirtieron en la veta esencial de su obra. Lawrence, quien escribió libros tan meticulosamente sensuales como Mujeres apasionadas y El amante de Lady Chatterley, sentía tal veneración por la sexualidad que no aceptaba que se contaran chistes rojos en su presencia. Consideraba que se trataba de bromas que vulgarizaban lo que para él era un objeto de culto sagrado: la experiencia sexual. Sin embargo, los tiempos modernos, poco inclinados a tomarse los grandes temas en serio, han convertido la sexualidad también en una fuente de bromas, como ocurre con frecuencia en el cine de Woody Allen.

Sexografías (Planeta), de Gabriela Wiener, es un libro de crónicas, entre la inocencia y la impudicia, que puede leerse como una serie de relatos reales. Se trata de historias de no ficción escritas con un tono elocuente que aprovecha al máximo muchos recursos literarios. El libro cuenta historias de transgresores sexuales, empezando por la propia autora. En los textos desfilan las palabras torpes y audaces de un actor de cine porno, las voces de un local de 'swigers’ (intercambio indiscriminado de parejas), y algunas escenas de un festival de cine erótico, presidido por la fatídica Monique.

Esta última es un ejemplo del tipo de personaje desmedido de Sexografías. Emperatriz del sadomasoquismo, que ha ascendido a la categoría de Sublime Lady, miembro de la Corte del mundo al revés, Monique se nos aparece a través de su “ojo gélido, como el ojo de un pez”. Su local de trabajo es un castillo en la República Checa, visitado por empresarios acaudalados que se someten al dominio de la reina Patricia I, la encargada de gratificarlos con las mayores crueldades “de las que es capaz una mujer”.

El libro de Wiener está escrito con soltura, gracia y pasión por sus temas. Lo anima una vocación por romper los límites de la moral convencional, y a la vez de presentar seres reales en sus historias. Pocos autores tan jóvenes tienen la soltura y a la vez la curiosidad inocente que ella muestra en este libro. Esperamos otros libros y otros temas, con el mismo espíritu subversivo.

1 comentario:

Vane Vane Cuac dijo...

Alonso Cueto es el viejo más cuero que hay.

Me encanta tu libro.

Espero ansiosa tu libro sobre ser mamá.